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miércoles, 7 de enero de 2009

Ensayo sobre el amor


Mañana temblará la platea...

Ensayo sobre el amor, de Héctor Mancha
Teatro Plaza de las Artes, 22.30 h.
c/ Peña de Francia 13. Lavapiés-Embajadores

domingo, 7 de diciembre de 2008

Cuentistas

Doy un sorbo al café calentito, me aclaro la voz y enciendo un cigarrillo. Me encanta hacer esperar unos segundos antes de comenzar a contar una historia. Ver la impaciencia y la atención en los ojos de mis amigos. Es una sensación adictiva.

Cosas de familia. Somos unos cuentistas profesionales.

Mi madre tenía una pasión partida en tres: Antonio Machado, que dio el nombre a mi hermana Guiomar; las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, y Soria. Cuando yo era niña, paseábamos a menudo por aquel escenario mágico y, mientras mi padre se alejaba a hacer fotografías o a dormir la siesta, mi madre y yo nos sentábamos en la orilla del río Duero y viajábamos a su mundo romántico. Tan buena era contando aquellos cuentos oscuros que yo llegaba a ver a la mujer del Rayo de Luna corriendo por los bosques o a los monjes del Miserere saliendo de la ermita de San Saturio. Más de una noche me quedé en vela.

Los cuentos de Guiomar eran luminosos y de cosecha propia. Sus personajes fueron mis grandes amigos de la primera infancia. Le pedía con insistencia que me contara los mismos relatos porque, entre una y otra vez, siempre había algo nuevo. Hablaban de princesas valientes, de aventuras increíbles, salían arañas simpáticas y animalillos con cabeza. Mi preferido era el Camaleón López. Un personaje que surgía de su mano y que tenía una personalidad cautivadora. Hace poco apareció de nuevo después de tanto tiempo. Me vi con 27 años abrazando sus dedos, mientras ella lloraba de risa. No es para bromas, yo quería a ese bicho.

Las historias formaban parte de mi realidad y por mi casa pasaban brujos, hadas y duendes. Eran los amigos de mi hermana, de estética punk de la movida, que entraban encantados en el juego. Jorge siempre me amenazaba con convertirme en cerdito si no me callaba. Conseguía cortar mi verborrea al instante. Daba mucho miedo, ese pelo de punta, esos labios morados…"Mariconazo", le llamaba mi padre, y en su boca sonaba a algo verdaderamente peligroso. Sin embargo, siempre que venía a mi casa me pegaba a él como una lapa. Su dualidad cariñosa y aterradora me parecía del todo fascinante.

Ahora, la que fue mi casa, se ha vuelto a llenar de personajes queridos y fantásticos. La pequeña Candela es otra buena cuentista de 4 años que sabe aportar color a las fábulas de Guiomar. Marca de la casa. Ya ha comenzado a construir su propio universo, abierto, donde poder desparramar. Y es que, al igual que yo tiendo a provocar situaciones histriónicas o exageradas en mi vida diaria para luego poder contarlas, o mi hermano se juega el pellejo para traer aventuras del otro lado del océano, mi hermana es incapaz de decir en voz alta que las hadas no existen porque, ya sabéis, que cuando un humano pronuncia esas palabras, un hadita cae fulminada.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Lord Enzo

Te imagino en tu juventud. Eres un chico guapo de intensos ojos azules, simpático y dulce. Te veo en tu biblioteca, atendiendo con una sonrisa a los guardianes y escondiendo los libros prohibidos en aquellos lugares no transitados. Tienes cara de pillo. Sonríes porque sabes que es una travesura peligrosa, pero compensa de sobra el cosquilleo de la desobediencia.

Te observo el día que descubres a Amparo. Una maciza de las que te gustan. Belleza con carácter, dura e inconformista. La miras con lascivia y admiración. Eres un feminista descarado en una época donde no se admite la trasgresión.

Ahora estamos en la montaña. Llevas una fila de niños detrás de ti. No son chiquillos, son auténticos soldados. El juego deja de ser juego para convertirse en otra realidad. Ellos se lo creen, y tú también. Eres el líder de un grupo de iguales donde no existe la jerarquía por edad.

La imaginación da paso al recuerdo. Nos veo desnudos en el pantano del Burguillo. Paloma, Leovi, Amparo y tú tomáis el sol mientras yo juego con los perros. Días de felicidad plena que me dan problemas cuando los comparto en el colegio. Aprendo la satisfacción del escándalo.

Cuadro intemporal. Coges a un gatito en brazos y me dices seriamente que amas más a los animales que a las personas. Te creo.

Paloma y Leovi nos acompañan en la siguiente imagen. Conduzco una BH que me viene grande cuesta abajo a toda pastilla. Me caigo y consigo mi mayor cicatriz. Una inconsciencia que me convierte en una pequeña heroína.

La tita y yo lloramos de risa. Vistes un picardías rojo mientras desfilas por el salón muy serio. He conseguido que me hagas el número una vez más. Si no, no me duermo.

Pasan las fotografías de tiempos compartidos. Reconozco rasgos de mi carácter en tus palabras, en tus actos.

Llega el reconocimiento adulto. Conversaciones en la terraza. Os traslado mis inquietudes y encuentro la comprensión que necesito. A partir de este período hablamos en un plano compartido, diferente, que nos une, y nos separa de los otros.

Últimos recuerdos de este verano. Comodín del baño, danzas tribales en el patio, charlas políticas en el desayuno, risas en los agujeros negros del porche, una silueta inconfundible nos saluda desde el espigón. Alegría por estar juntos, por disfrutar de pequeños placeres en buena compañía, por saber reírnos hasta de las cosas más crueles, por sentirnos vivos, queridos, cuidados.

Hoy ha sido tu cumpleaños. Gracias, tito, por habernos regalado este día y todos los momentos y detalles que nos han hecho como somos. Vaya pandilla de locos... Felicidades.